Ciencia

La carta de Dios de Einstein, vendida por más de 2,5 millones de euros

Pablo Abril/Madrid.- La carta de Dios escrita de puño y letra por Albert Einstein en la que el científico mostraba sus contradicciones entre su razonamiento sobre la religión y su fe judía ha sido subastada por 2.892.500 dólares (más de 2,55 millones de euros), superando ampliamente el precio de partida de 1,3 millones de euros.

La carta de Dios, dirigida a su amigo el filósofo Eric Gutkind, se considera una clara muestra del debate entre ciencia y religión. Y de la visión de Einstein sobre la búsqueda del sentido de la vida. Porque en ella ‘duda’ o más bien ‘niega’ la existencia de un ser superior.

Tiene una extensión de un fólio y medio y fue escrita por el científico en 1954 meses antes de su fallecimiento. Es la carta que ‘humanizaba’ al ‘genio’ en sus últimos meses de vida. Y en un debate trascendental.

Ésta es la carta íntegra:

Princeton, 3. 1. 1954

Estimado Mr. Gutkind,

Inspirado por la insistencia de Brouwer, he leído buena parte de su libro, y le agradezco mucho habérmelo prestado. Respecto a nuestra actitud de hecho ante la vida y hacia la comunidad humana tenemos mucho en común. Su ideal personal, desde los deseos del ego hacia la libertad, de cara a hacer de la vida algo bello y noble, y con un énfasis en los elementos puramente humanos, nos uno en lo que podríamos llamar ‘Actitud Americana’. Aún así es probable que sin la sugerencia de Brouwer nunca me hubiera encontrado a mí mismo tan intensamente comprometido con su libro porque parte de su lenguaje es inaccesible para mí. La palabra Dios para mí es sólo la expresión y el producto de la debilidad humana. La Biblia una honorable pero primitiva serie de leyendas que de todas formas resultan infantiles. Ninguna otra interpretación por sutil que sea podría cambiar mi punto de vista. Para mí la religión judía, como todas las demás, es la manifestación de una superstición infantil. Y el pueblo judío, al que alegremente pertenezco, no tiene una cualidad diferente a la del resto de los pueblos. Según mi experiencia, no somos mejores que otros grupos humanos, aunque nuestra falta de poder nos vacuna contra ciertos cánceres. No creo que en el pueblo judío haya nada de “elegido”. En general me resulta doloroso que reclame una posición privilegiada y la defienda con dos muros de orgullo, uno interno como hombre y uno externo como judío. Como hombre reclama, por así decirlo, librarse de unas heridas que de otra forma aceptaría como judío monoteísta. Pero una herida temporal acaba no siendo ya una herida, como nuestro maravilloso Spinoza apuntó inteligentemente. Ahora que hemos dejado claras las diferencias en nuestras convicciones intelectuales, queda claro para mí cómo de comunes son las relativas a las cosas esenciales, es decir, a nuestra evaluación de la conducta humana. Creo que nos entenderíamos muy bien si pasásemos a hablar de cosas concretas. Con agradecimiento amistoso y mis mejores deseos, Suyo, A. Einstein.

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